Ruiz Healy Times: Trump, un niño mimado y berrinchudo


Donald Trump
  • Revela libro de Bob Woodwar mentiras sobre fortuna del presidente de USA.
  • Trump miente 125 veces durante sólo una hora en un encuentro con reporteros.
  • Breve recuento sobre origen y causas del movimiento estudiantil del 68.

 Eduardo Ruiz Healy

Ahora entiendo un poco más porque el presidente estadounidense ha actuado siempre como un niño mimado acostumbrado a que siempre se cumplan sus caprichos y dispuesto a hacer un tremendo capricho si la gente que lo rodea no satisface el más mínimo de sus deseos, sin importar que tan irracional pueda ser éste. Para muestra de la personalidad infantil de Donald Trump es necesario leer el libro de Bob Woodward, Fear: Trump in the White House, publicado hace unas semanas en Estados Unidos por Simon & Schuster.

Ahora sabemos, cortesía del periódico The New York Times (NYT), que el hombre de tez anaranjada llegó a ser multimillonario no solamente gracias a su esfuerzo, inteligencia y una extraordinaria capacidad para ver oportunidades de negocios y lograr acuerdos ventajosos. También nos enteramos de que su fortuna no se inició con el millón de dólares que le prestó su padre y que él convirtió en miles de millones de dólares luchando, como le gusta presumir, contra todo y contra todos.

La verdad es que Trump es millonario desde que era un niño de tres años. Como lo anota el NYT: “A la edad de 3 años, Trump ganaba 200.000 dólares al año en dólares de hoy del imperio de su padre. Era millonario a la edad de 8 años. Cuando tenía 17 años, su padre le había dado la propiedad parcial de un edificio de 52 apartamentos. Poco después de que Trump se graduara de la universidad, estaba recibiendo el equivalente de 1 millón de dólares al año de su padre. El dinero aumentó con los años, a más de 5 millones al año en sus 40 y 50 años”.

Fred Trump

En pocas palabras, el que trabajó para que Donaldito llegara a ser multimillonario fue su papá Fred y que el millón de dólares que éste supuestamente le prestó a aquel en realidad 60.7 millones dólares equivalentes hoy a 140 millones de dólares.

Añade el NYT: “Mientras que Fred Trump ayudó a financiar la acumulación de riqueza, Donald Trump, maestro promotor de sí mismo, los convirtió en una narrativa seductora… El dinero de Fred Trump, por ejemplo, ayudó a construir Trump Tower, el talismán de privilegio que estableció a su hijo como un jugador importante en Nueva York. Pero Donald Trump reconoció y explotó el poder icónico de Trump Tower como un lugar principal tanto para The Apprentice como su campaña presidencial”.

El hecho que reveló el diario neoyorquino muestra que Trump mintió hasta sobre el origen de su fortuna, lo cual no debe sorprender a nadie en vista de que él es un individuo que, de acuerdo a las revisiones que los analistas hacen de sus declaraciones, es un mentiroso patológico.

De acuerdo a una nota del 13 de septiembre pasado en The Washington Post: “El 7 de septiembre, el presidente Trump se despertó en Billings, Montana, voló a Fargo, N.D., visitó Sioux Falls, S.D., y finalmente regresó a Washington. Habló con reporteros en el Air Force One, encabezó un par de eventos para recaudar fondos y fue entrevistado por tres reporteros locales. En ese único día, hizo públicamente 125 declaraciones falsas o engañosas, en un período de tiempo que totalizó sólo unos 120 minutos. Era un nuevo máximo en un solo día”.

Trump es un plutócrata acostumbrado a que se le cumplan todos sus deseos y caprichos y, para colmo, un mentiroso patológico que evidentemente nunca ha sido castigado por decir mentiras. Este es el individuo con quien tendrá que lidiar el próximo presidente de México, quien por no ser millonario ni haber asistido a las más exclusivas escuelas privadas o universidades, nunca será bien visto por el niño mimado y berrinchudo de 71 años de edad que hoy vive en la Casa Blanca.

HACE 50 AÑOS

¡Cómo vuela el tiempo! En 1968 era yo un joven de 20 años, estudiante del segundo año de la licenciatura en Economía en la entonces Escuela -hoy Facultad- Nacional de Economía (ENE) de la Universidad Nacional Autónoma de México. La directora de la escuela era la doctora Ifigenia Martínez, hoy senadora de la república por MORENA.

En aquella época, estudiar en la ENE era toda una aventura. Desde el primer día en que llegué a estudiar ahí -después de haber cursado la primaria, secundaria y preparatoria en una escuela de monjes benedictinos que imponían una disciplina estricta sobre los alumnos- me encontré en medio de un ambiente que, para mí, era verdaderamente caótico. Las clases eran constantemente interrumpidas por compañeros que, sin pedirle permiso a los maestros, entraban al aula para invitar a los alumnos a alguna manifestación contra algo o alguien o a algún evento que se realizaría en el auditorio Narciso Bassols de dicha escuela. Recuerdo claramente al entonces presidente de la sociedad de alumnos y hoy diputado federal por MORENA, Pablo Gómez, irrumpiendo al salón para arengarnos sobre no recuerdo qué asunto. Ya desde entonces era un excelente orador el experimentado legislador izquierdista que en aquella época supuestamente militaba en el Partido Comunista Mexicano.

La marcha del silencio en 1968

MOVIMIENTO DEL 68, AQUÉL INICIO

1968 transcurría sin incidentes hasta que el 22 de julio ocurrió una batalla campal callejera entre estudiantes de las vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional y la reparatoria Isaac Ochoterena, incorporada a la UNAM. La bronca entre ambos grupos continuó al día siguiente, sólo que esta vez granaderos de la policía defeña, después de ser apedreados por estudiantes politécnicos, invadieron la Vocacional 5 y golpearon a varios jóvenes.

Ahí empezó lo que se convertiría en el Movimiento Estudiantil del 68, el cual culminaría con la sangrienta represión de estudiantes por parte del Ejército, grupos de choque gubernamentales y policías del DF en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

En la edición del 1 de enero de 1988 de la revista Nexos se publicó una detallada cronología de lo que ocurrió hace 50 años, misma que puede leerse en www.nexos.com.mx/?p=4996.

No me involucré mucho en el movimiento. Asistí a la marcha que el 1 de agosto encabezó el rector Javier Barros Sierra, el 27 de ese mes estuve en el mitin que organizó el Comité Nacional de Huelga (CNH) en el Zócalo de la Ciudad de México, el 13 de septiembre marché del Museo Nacional de Antropología e Historia al Zócalo, en la llamada Manifestación del Silencio. Y no me involucré más porque la mayoría de los dirigentes del CNH con quienes tuve algún trato eran militantes de las organizaciones más extremas de la izquierda mexicana que en verdad no pretendían democratizar al país sino instaurar un régimen soviético, similar al cubano de aquel entonces. Nunca fui admirador de regímenes dictatoriales, fueran de derecha o de izquierda.

Lo que empezó como una bronca entre grupos estudiantiles no hubiera llegado a mayores si el jefe del departamento del DF, general Alfonso Corona del Rosal hubiera controlado a su policía y el presidente Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de gobernación Lis Echeverría hubieran tenido la sensibilidad para detener la situación. El autoritarismo del gobierno mexicano fue hábilmente aprovechado por la extrema izquierda mexicana que obedecía consignas enviadas desde Moscú y La Habana. Finalmente se impuso la represión con el auxilio del gobierno estadounidense y nadie supo ni sabrá jamás cuantos mexicanos fueron asesinados por las fuerzas represivas del estado mexicano.

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