Reflexiones: ¿Sirven de algo las elecciones?


 A propósito del proceso electoral en marcha, calificado por algunos analistas y politólogos como “muy competitivo y plural” porque participan ahora diez partidos políticos en la contienda, es conveniente preguntarse, ¿han servido las elecciones para resolver de los grandes problemas del país como la pobreza, la falta de servicios como agua potable, educación y salud de los que carecen millones de  mexicanos?

A casi 100 años de la promulgación de la Constitución de 1917, resultado del pacto social con el que culminó la revolución mexicana y en el que  los constitucionalistas de Querétaro plasmaron el derecho de todos los mexicanos al bienestar, la justicia, el trabajo, la salud, la educación, etc, la población mayoritaria aún no goza de estas prerrogativas.

Y es que la respuesta a la pregunta de este artículo está relacionada con la forma de ejercer el poder entre los diversos grupos sociales, generalmente antagónicos, que han existido a lo largo de la historia, y que se han expresado a través de liderazgos que han representado los intereses de las diversos grupos o clases sociales, fundamentalmente en dos: la dictadura y la democracia.

Como se sabe, la dictadura y democracia son conceptos antagónicos cuyos contenidos se excluyen entre sí. La dictadura ha sido condenada donde quiera que se ha hecho presente, mientras que la democracia ha sido exaltada como la panacea de la forma de gobierno en la que hay libertades y oportunidades para todos.

Pero tanto en una forma de gobierno como en la otra, el poder político radica en el grupo que posee la riqueza social ((los dueños de las fábricas, las tierras y el comercio, los bancos, etc), a través de la cual ha mantenido su dominio sobre el resto de la sociedad, de tal manera que conquistar el poder político no significa simplemente ocupar el puesto de presidente, gobernador, alcalde, figuras que se someten a quienes detentan la riqueza social, sea en el paraíso de la libertad de la democracia o en la esclavitud  de la dictadura.

 

La dictadura suprime la elección periódica de los gobernantes y los derechos humanos como las libertades de asociación, de organización, de prensa, de opinión y de manifestación pública; lo cual no nace del “capricho” del dictador, sino de la necesidad de asegurarse el pleno control del país por parte de la clase dominante, dueña del poder financiero, militar y político, en cuyo nombre e interés ejerce el poder por la fuerza, dicta políticas restrictivas y se sostiene de facto contra la voluntad popular.

Pero, contra lo que generalmente se piensa, la democracia en los países en extremo desiguales como el nuestro es, también, una dictadura de clase, de unos pocos privilegiados que imponen su voluntad y sus intereses a las mayorías, aunque, a diferencia de la dictadura abierta, el poder se legítima cada cierto tiempo mediante el voto popular.

Desde los tiempos más remotos las clases dominantes y el gobierno que las representaba, cualquiera que sea la forma de Estado (teocracia, aristocracia, monarquía absoluta, monarquía constitucional, democracia, etcétera) en cuyo marco actúen ambas instancias, siempre han gobernado mediante la fuerza de las armas y mediante la aplicación rigurosa de leyes punitivas, pensadas para reprimir el descontento de los oprimidos.

En México se ha ido agotando el modelo de democracia capitalista como forma de control social y ha fracasado como forma de gobierno y como alternativa para resolver los problemas de las mayorías de la población.

reyes  1  sirve de algo...

Entre la mayoría de la población hay una insatisfacción generalizada con la calidad de vida y con el resultado de la democracia, no en términos de cómo se cuentan los votos ni cómo se llega al poder, sino de qué tanto la democracia ha permitido disminuir la brecha de la desigualdad entre pobres y ricos.

En la ciudad de México, por ejemplo, en 1997 hubo alternancia, cuando el PRI que gobernó durante 70 años perdió las elecciones y el PRD empezó a gobernar desde entonces hasta la actualidad. Pero esto no modificó en modo alguno la desigualdad social que se registró durante los gobiernos del PRI en la capital del país, donde el 52 por ciento de los habitantes sobreviven con ingresos de máximo tres salarios mínimos y el 10 por ciento de la población tiene ingresos de más de 10 salarios mínimos.

Es decir, la desigualdad del ingreso, que se refleja en muchos otros aspectos del bienestar de la población, no se ha modificado sustancialmente después de 16 años de gobierno de izquierda en la ciudad de México. Por el contrario, se mantiene y es un reflejo de lo que en ocurre en todo el país.

En el 2000, también se dio la alternancia en el gobierno federal con la llegada de Vicente Fox y la permanencia en el poder durante 12 años del Partido Acción Nacional. Pero, lejos de modificarse la estructura de desigualdad social, creció exponencialmente el número de pobres y la criminalidad se apoderó del país con su secuela de muertos y desaparecidos.

Con el regreso del PRI al poder, la desigualdad social continúa galopante y no hay visos de que se frene en el mediano plazo. Por el contrario, el número de pobres seguirá en aumento y la riqueza social seguirá concentrándose en unas cuantas manos, en medio de la crisis generalizada, la corrupción gubernamental, la criminalidad.

Todo esto hace pensar a muchos electores ¿y para qué sirve la democracia, las elecciones y la alternancia? si puede gobernar un partido u otro sin que haya cambios importantes. Y para qué tanto derroche de recursos económicos si solo quedarán unos cuantos partidos para seguir representando la farsa electoral?

Para que exista una democracia electoral auténtica, es indispensable que haya, primero, democracia económica; esto es, en términos realistas de hoy, que la distancia entre las clases altas y el pueblo no sea abismal, sino que la riqueza social se distribuya de una manera más equitativa.

Hoy, como siempre, quienes ejercen el poder siguen pensando y actuando igual. ¿Servirán de algo las elecciones?, quizás sólo para elegir al tipo de tiranos que ejercerán el poder.

Con esta primera entrega, agradezco a los lectores de El Correo de Oaxaca y a su director Carlos Velasco, por permitirme compartir algunas reflexiones sobre el acontecer noticioso de nuestro país.

*Periodista

Jreyez2000@yahoo.com.mx