Política Inconfesable: ¿Y dónde están los partidos políticos?


Rodrigo Villar

Una semana es el tiempo que nos separa de la elección federal y local del siete de junio. Como todos sabemos se disputarán 2052 cargos públicos que van desde nueve gubernaturas, diputados federales, diputados locales, alcaldes y cabildos. Por su envergadura se trata de un proceso inédito. El monto de los recursos que se devengaran para celebrarlo es incuantificable, y la movilización social que desencadenará también no es posible medirla.

Con esto México se coloca en un lugar de relevancia entre la comunidad de países que celebran comicios medianamente democráticos –que ya es decir mucho-, el tamaño de la elección, repito, es monumental.

No obstante creo necesario, no solo ponderar esa capacidad de organización de sus autoridades electorales. Es imprescindible preguntarnos al día de hoy, ¿dónde están los partidos? ¿Dónde están las propuestas para resolver los engorrosos problemas diarios, en materia de seguridad, empleo, salud, derechos humanos, corrupción de los gobernantes?

Si usted me pregunta, estimado lector, yo no los he visto, y menos escuchado. Solo he observado un alarmante desierto político del que escasea cualquier indicio de propuestas de solución. Ya no se diga de promesas, de esas que nunca se cumplen.

Pero ni eso, ya ni promesas escuchamos de los políticos que están dedicados a delinquir, a robar y a cometer actos inmorales que comprometen, ya no solo la desmejorada salud de sus caducas carreras políticas, sino el interés general.

Y si bien, no nos equivocamos cuando demandamos a los políticos que cumplan sus promesas de campaña, tampoco erramos cuando nos preguntamos ¿qué están haciendo los partidos políticos que son los que en estricto sentido, quienes –como marcas registradas en el ámbito político- tienen la responsabilidad de darle cauce a las demandas ciudadanas, convertidas en promesas de campaña.

Me atrevo a decir que escasamente, y digo muy escasamente, algunos políticos a lo largo del país, primero, dan seguimiento a sus promesas, y segundo las cumplen, para satisfacción de las personas que votaron por ellos.

Lo que hoy vivimos en materia electoral nos revela el circo en que los políticos convirtieron la política. Pero sobre todo los responsables de tal debacle son los partidos que los postulan. Los electores tenemos un problema de visualización de la política porque acusamos de corruptos, negligentes, mediocres, criminales a los políticos.

Obviamente por definición debemos de ver en el de enfrente al responsable de nuestras desgracias, y no nos falta razón en el caso de los políticos, no obstante cuando dirigimos nuestra mirada a los partidos políticos, los desnaturalizamos, les vemos como instituciones monolíticas, casi casi como un edificio rígido y sin vida.

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Esta idealización nos arrastra a la ceguera, pues no alcanzamos a observar que los partidos políticos son organizaciones de seres humanos que tienen y representan intereses, tanto individuales como de grupo. Es ahí donde se encuentra el meollo.

Los partidos políticos son, en gran parte responsables de las omisiones y abandono de responsabilidades de sus candidatos. Y digo que son responsables porque ellos los postulan a través de diversos filtros de elección interna. Y en la mayoría, los escoge por recomendaciones o por el simple hecho de formar parte de la esfera de poder en cada uno de esos institutos políticos. Eso sí aunque sean unos asnos en dos patas.

Entonces, nuestro dilema como simples ciudadanos de a pie es reconocer por qué o para qué votaremos el domingo próximo. Y ahí le si le firmo lo que quiera, votaremos cargados de motivaciones superfluas más que de una conciencia de que con el voto, así como lo damos con una enorme y casi ciega facilidad, al otorgarlo a opciones –por lo menos nuevas- podremos cambiar nuestro futuro.

Lo mas palpable de todo en el presente alboroto electoral es que los candidatos ya no se ocupan, ni se preocupan de los mas elemental que es cumplir a las personas que votarán por ellos, no les importa, porque ellos forman parte de una marca, llamado partido político.

Y éstos (los partidos políticos), que son los que habrían de responsabilizarse por las omisiones y mediocridad de sus candidatos, son los menos apurados. Que les importa el electorado, si su brecha ya fue pavimentada por un sistema corrupto, cómplice de las peores mañas.

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