Política Inconfesable: Un proceso electoral empañado


Rodrigo Villar

Las campañas electorales de los partidos políticos iniciaron hace más de un mes. No han entusiasmado a la mayoría de los ciudadanos, porque la mayoría de los ciudadanos no creen en los partidos. Nadie observa propuestas claras y realizables. Nos hundimos en una mar de demagogia, hipocresia, cinismo, incumplimiento y corrupción. Y ahora, también nos enfrentamos a la violencia en la que se ven envueltos candidatos de diversos partidos, llegándose en algunos casos al homicidio, como sucedió hace tres días con el abanderado a la alcaldía de Yurécuaro, Michoacán, por el partido Morena.

Cómo resulta evidente a los ojos de todos, la política que uno de los artes humanos mas elevados –o debería serlo-, en México es pieza de segunda y tercera mano.  Los políticos ahora integran hordas de improvisados que ven en ella un jugoso y prometedor futuro personal y de grupo.

Lejos, sólo en el recuerdo, quedan los políticos profesionales que hacían de ese ejercicio público un compromiso. Y lo digo con pesar porque en ningún partido, tocando a las mafias que los controlan, se observa profesionalismo y compromiso. La ética y la moral pública ahora sufre los embate de los pillos que se han enquistado en los partidos, que no se nos olvide, su naturaleza es la de organizaciones de utilidad pública.

Ahora, la inmensa mayoría de los políticos que dizque nos representan se integra de una masa deforme de personajes que solo están ahí, en esas posiciones para asaltar, engordar sus bienes y hartarse con los recursos que le pertenecen al pueblo, es decir sus presupuestos de gasto.

¿Y del interés de la mayoría que queda? Pues me atrevo a decirle apreciado lector, que nada. No hay responsabilidad, ni compromiso con las causas de la sociedad.

Y lo más vergonzoso para nosotros es que cuando se les cuestiona a los políticos profesionales (así se hacen llamar), con todo holgura responden que su mayor interés y compromiso es con las causas justas del pueblo. Eso si es delirante, pero retrata una realidad de la que tampoco nos podemos sustraer.

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Nosotros, lamentablemente –todos los ciudadanos- hemos contribuido, y valdría la pena aceptarlo con un gesto de autocrítica, a la descomposición del ejercicio de la política.

Con el paso de los años, de las décadas, desde que el PRI impulsó el llamado desarrollo estabilizador, allá por los años cincuenta del siglo pasado, la sociedad comenzó a abandonar su responsabilidad social, política e histórica de participar en su propio desarrollo, y le dejó la estafeta a un gobierno que con sus tentáculos se engrosó, y gustoso aceptó que el pueblo simplemente se convirtiera en un pasivo contemplador de la realidad política y electoral.

Por eso escuchamos con enojo, aún, esas frases de muchos de nuestros allegados que tiene que ver con desprecio simulado de la política. Y digo simulado porque  a cuantos de los que se dicen enemigos de la política, no se les moverían las entrañas de felicidad si fueran, o por lo menos tuvieran a un familiar en la política. Pues a muchísimos, ¿no?

Lo que sucede es que hay una hipócrita actitud hacia la política, pero también ella conlleva una dejadez, una ausencia de compromiso personal con nuestra vida, nuestros entorno mas cercano, y con la sociedad. Hemos perdido el sentido de la solidaridad y el ver por el de enfrente.

Que fue lo que nos pasó como sociedad, que si bien no nos cansamos de vendernos como un pueblo hospitalario y justo, nos enfrascamos en una lucha continua, diaria, por defender nuestra individualidad sin importar nada mas.

Podemos atribuirlo al sistema económico neoliberal, a la represión, a un estado ausente de su responsabilidad constitucional, que no es otra que preservar el equilibrio entre los que nacimos en este país. Hay muchas explicaciones y justificaciones, muchos atenuantes que solo nos conducen a la soledad.

Y así como somos, también, agachones, nos refugiamos en la comodidad del que nuestra responsabilidad sea endosada al de al lado. Eso justo pasa con la responsabilidad política que todo deberíamos ejercer, y dejamos de lado, abandonamos porque es más cómodo y confortable no involucrarnos en la política, exigiendo a los políticos que nos respondan.

Es más redituable como ciudadanos, vivir enojados cada tres años, cuando hay elecciones, reclamando en nuestras reuniones familiares o con los amigos, que porque este o aquel político se equivocó o se enriqueció de la nada – junto a todos sus nefastos funcionarios- como nuestro actual gobernador Gabino Cue o el anterior, Ulises Ruiz.

Y a poco no estimado lector, es más cómodo eso que actuar, cuestionar o demandar con fuerza que todo lo que se prometa se cumpla.

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