Política Inconfesable: El PAN una renovada trampa…


Rodrigo Villar

 Hace tres lustros un gran sector de mexicanos creyó en el inicio de una nueva era en el quehacer de la política. Vicente Fox Quesada, arrastrando con su popularidad a su partido, el PAN, se instaló en la presidencia de la República arropado con un discurso populachero (no populista, pues no le alcanzaba para eso) y demagógico.

En aquel prometedor año dos mil, el agotamiento del régimen del PRI que durante 70 años había acaparado la conducción de las riendas del país, sus vicios y sobre todo el debilitamiento de las obligaciones del Estado con obligación social –derivado del triunfo de la Revolución de 1910-, sirvió de artilugio de la oposición, de los intelectuales orgánicos que también habían sufrido el olvido de la tecnocracia priísta y de los sectores económicos que no terminaban de saciarse y beneficiarse con la apertura neoliberal, para acusar que Vicente Fox significaba la prometida transición hacia una nuevo derrotero nacional.

El fin de la dictadura perfecta se proclamó con el triunfo de un demagogo, al que en ese momento sus huestes le proclamaban como el que cerró la puerta a la tradición decimonónica del PRI.

Entonces no se prefiguraba el derrumbe estrepitoso del proyecto panista. Y mucho menos que en pocos años se desangraría por acusaciones internas de corrupción, cooptación, defensa de intereses de grupo, traiciones, desbandadas y decepción.

Primero la decepción y farsa que resulto de Vicente Fox Quesada –y su consorte- Marta Sahagún, que pusieron en vilo las reglas democráticas y de convivencia nacional por sus costosas y fantasiosas ocurrencias.

Después, de la traumática experiencia con esos dos personajes del imaginario político más caduco, la población enajenada repitió la dosis y se auto-flagelo, y junto al pernicioso efecto de los medios electrónicos se dio el triunfo a un personaje de mediana estatura –tanto fisonómica como política- de nombre Felipe Calderón Hinojosa.

El sabe hasta ahora que su triunfo no existió en la realidad, que el sistema económico y político lo colocó en la posición de cancerbero de sus intereses, y que mejor que llevarlo a la presidencia de la República.

Este prohombre, con sus enormes deficiencias históricas y de sensibilidad social llevó el destino del país en un trajín miserable de violencia y deterioro de las relaciones económicas.

Su ominosa guerra con el terrible saldo de 120 mil personas muertas y desaparecidas, y la rampante exclusión de la mayoría de los mexicanos del equilibrio y justicia social, marcaron el destino de México y de la política durante el calderonismo.

Fox

Quienes le conocen tienen opiniones encontradas de él: autoritario, gustoso del dinero y la vida disipada con el embrujo del alcohol de por medio, por un lado. Y por el contrario buen abogado –pretendió ingresar a la Facultad de Derecho de la UNAM y no alcanzó los créditos necesario- por lo que recaló en la Escuela Libre de Derecho, obviamente sin que esto signifique una postura de desprecio académico, heredero del panismo doctrinario con raíces en el fundador del PAN, Manuel Gómez Morín.

En fin, Calderón concita rechazo y atracción. Y así es como hoy tiene a su partido, cuando él ha pretendido resquebrajar la tradición histórica que tiene que ver con el silencio de los ex presidentes de la República. Y no es que sea una obligación enmudecer a quienes conocieron de tantos secretos y tomaron decisiones que afectaron singularmente el desarrollo del país. Esa obligación intrínseca en la cultura política mexicana, tiene su razón de ser en respetar al sucesor.

No decimos aquí que algunos priístas hayan sido tan puros para dar el ejemplo de honestidad intelectual e histórica que se esperaba de ellos, no de ninguna forma. José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas hasta escribieron libros de sus avatares en esa importante posición.

Ahora Felipe Calderón, con el considerable desprestigio que carga porque sus torpes decisiones nos llevaron a tocar fondo en materia de violencia, pretende retomar el control de las filas del PAN. Este personaje actúa como si su partido le debiera todo tipo de consideración.

Su equívoco y su omisión, durante los seis año que mal gobernó, no procuró fortalecer a su partido con objeto de controlar los equilibrios de tenía obligación de mantener. Al contrario envío pésimas señales al ubicar en la dirigencia a dos mediocres políticos cercanos a él: Germán Martínez y César Nava.

Y si bien su mediocridad en política era palpable, su voracidad por enriquecerse fue grosera. Ahí está el recuerdo de Cesar Nava como abogado general de Pemex, de donde sacó provecho personal con actos de corrupción. Lo mismo con Germán Martínez, quien al encabezar la secretaría de la Función Pública, fue omiso en castigar la corrupción en el gobierno federal, donde fue prolífica la práctica de entregar contratos cuantiosos para obras públicas por el oscuro método de la adjudicación directa.

Martha Sahagún

Así, hoy Calderón pretende recuperar el PAN para sacar provecho político y económico. Su deseo insospechado de reconocimiento le acarrea pifias como la de enviar a sus cancerberos (perros), Javier Lozano y Roberto Gil a pelearse con otra pandilla de canes como la que encabeza Gustavo Madero.

Del cómo se enfrentan hablaremos la próxima semana. Por lo pronto está de por medio el jugoso hueso panista, el oscuro objeto del deseo que tendrá un valor, por lo menos para este año electoral, de más de mil millones de pesos.

Apetecible, no???