Política Inconfesable: El auténtico Heliodoro


En el colmo del cinismo, el “Yoyo” ingresó documentación para contender por una curul federal

Rodrigo Villar

En la entrega anterior hicimos una descripción somera algunos casos -últimos hechos de vergüenza- en la embustera vida de Heliodoro Díaz Escárraga. Sobre todo el bochornoso harakiri que se infringió, movido por la vanidad, al exhibirse en las redes como un hombre todopudiente, que sin asomo de recato es capaz de regalar un vehículo deportivo (valuado en un millón 435 mil pesos) al junior de su estirpe.

El Porsche amarillo retratado con su orgulloso hijo como conductor, también develó la incapacidad del papá Heliodoro para controlar sus afanes de poder. ¿Qué se habrá creído este vividor de la política? ¿qué por el hecho de conducirse como veleta en el mar de las relaciones públicas, no habría un momento de flaqueza?

Se equivocó. Y aún mas, cometió el desacierto del Porsche amarillo en el peor momento, cuando se avecinaba el inicio del proceso electoral federal.

El gazapo, sin duda, trunca la posibilidad su regreso a la Cámara de Diputados. Y esta aseveración no es gratuita en medio de un panorama tan desolador para el priismo.

Y lo que sucedió a Helidoro Díaz, no es gratuito, ni obra de la casualidad, sino producto de la causalidad que implica efectos de una vida poco trasparente y honesta.

De lo que menos quiere saber hoy al interior del PRI es de actos de corrupción o excesos los funcionarios o legisladores de su partido. El hartazgo que se manifiesta en la inconformidad social, si bien es resultado de una historia de gobiernos insensibles, atestados de delincuentes y corruptos, le pegó con singular dureza a la actual administración. La desconfianza del pueblo hacia sus gobernantes se trastocó, y hoy el resultado es la creciente critica a las acciones gubernamentales por más sinceras y honestas que estas sean.

Así, me niego a considerar siquiera que el gobierno del presidente Peña Nieto, abra la puerta a aquellos precandidatos que han contribuido al desborde del desdén popular, y sobre todo a aquellos que pretenden hacerse los interesantes y ricachones frente a una sociedad dolida por el injusto e inequitativo reparto de la riqueza. Ahí es donde figura, para vergüenza de todos los oaxaqueños, Heliodoro Díaz Escárrega y su prole, por lo menos hasta el junior.

Y que no se olvide que hoy la autoridad federal sigue un proceso de búsqueda de respuestas sobre el despilfarro del ex funcionario del Infonavit.

Y al innecesario daño que se le prodigaría a la imagen del gobierno federal, si se acepta la presencia de Díaz Escárraga como candidato al Congreso Federal, se suma el escozor que provocó el escándalo del Porsche amarillo, en el obsequioso y demagógico presidente nacional del PRI, César Camacho Quiróz.

Este prohombre, que defiende sin ton ni son todo lo relativo al gobierno federal, ha externado a sus hombres cercanos que la figura de Heliodoro en la Cámara de Diputados lastimaría al priísmo en el Congreso Federal, y más aún –eso lo afirma quien esto escribe-, si el mexiquense mantiene firme su postura de convertirse en el líder de la bancada priísta en San Lázaro.

cesar camacho quiroz

CONTRADICCIONES, LA DESESPERACIÓN

En medio de todas las reacciones que propicio el exceso de Heliodoro, para con su hijo, éste no dejó de sorprendernos a todos. Primero en cuestión de horas negó que hubiese subido a las redes sociales la fotografìa de su hijio trepado en el Porsche amarillo, después trató de desmentir al periódico que publicó la imagen y el fatuo mensaje que escribió a su hijazo.

Después, una vez que trastocó la confianza de la institución que lo empleaba, aseguró que ya había renunciado a la coordinación regional del sur del país por el instituto, y para rematar negó que se hubiera separado del encargo.

Sin duda fueron zarpazos de una bestia desesperada frente al temor de arrebatarle el hueso cuando más jugo saca de él.

Y apenas pasada una semana de su graciosada, nos dio una lección de anti-ética y escasa moral pública al presentarse en el PRI para entregar sus papeles personales y solicitud llenada para inscribirse como precandidato del PRI a una cururl federal. Lo que nos faltaba¡¡¡

Pero no es de extrañar. Al cinismo que priva en la enorme mayoría de nuestra clase política, no es ajeno nuestro paisano –y lo escribo con vergüenza- Heliodoro Díaz Escárraga.

Este personaje de la vida política –al estilo de los Supermachos- no ha tenido reparo en abusar de sus posiciones públicas. Recuerdo que hasta hace unos meses se paseaba por la Cámara de Diputados. Se regodeaba presumiendo su posición de provilegio como funcionario federal.

Eso sí, siempre vestido con ropas caras, y decía mi madre  que aunque la  mona se vista de seda mona se queda, pues la figura de Heliodoro no le daba para lucir las prendas italianas que se diseñan para personas de mediana estatura mínimo, y no para enanos como él.

Con todo aquel que sostenían una conversación en San Lázaro –sede de la Cámara de Diputados federal-, con su aberrante muletilla de “amigo” respondía a la pregunta provocadora: “¿vas a regresar como diputado?”, y él presto asentía con una sonrisa socarrona y una afirmación segura: ¡sí, aquí estaré de nuevo!.

Es decir el puesto público que desempeñó sólo sirvió de trampolín para regresar a lo que si sabe hacer que es negociar en lo oscurito las comisiones o mejor dicho, los moches que la mayoría de los legisladores cobran por sus oficios para conseguir mas recursos a los gobiernos de los estados o los municipios. Eso sí lo sabe hacer bien: engañar y transar a espaldas de la sociedad.

Y para terminar con este sujeto –que de él hay mucho que hablar- una aberración es que no se ha percatado que es casi un anciano, y como Dorian Grey él se siente joven, fuerte y robusto, lo que le lleva a tener parejas jóvenes, mujeres que podrían ser sus hijas…

Qué se le va a hacer, todo un pillo, ¿no?