Política confesable


Rosario, La Hachepona y Lastiri

 Gabino y los fierros ardiendo

Compra de conciencias en el Istmo

Tomás Ezequiel Toledo

 En plena campaña electoral y cuando la veda de promoción de obras públicas ya está en vigor, tres funcionarios federales recorren Oaxaca, con la gracia de Gabino Cué y la complacencia del Instituto Nacional Electoral que, enfocado como está en otras pistas del circo, no voltea a ver cómo con el presupuesto público se quiere comprar votos de una manera no tan sutil.

Primero, fue la reunión en Palacio de Gobierno de Cué con Rosario Robles Berlanga, secretaria de Desarrollo Social; el subsecretario de Planeación, Evaluación y Desarrollo Regional de la secretaría, Juan Carlos Lastiri. Y con, oh sí, la inefable Hachepona. Es decir, Héctor Pablo Ramírez, director de Liconsa, que una vez más echa mano del dinero federal para su promoción personal.

Continúa con sus andanzas gracias a que la Procuraduría General de la República ha archivado la denuncia penal que desde el año pasado un grupo de diputados federales presentó en su contra por el presunto desvío de recursos de Liconsa para pagar propaganda disfrazada de información en periódicos del estado, así como en páginas de “noticias” en Internet.

La denuncia, como se recordará, fue entregada al ex procurador Jesús Murillo Karam pero oh, claro, él ya se retiró a la comodidad de otro cargo en el gobierno federal.

Y, bueno, además los diputados que interpusieron la denuncia ya tampoco están en funciones, porque pidieron licencia para competir en la actual elección.

Así que La Hachepona vive feliz cometiendo sus trapacerías en total libertad.

Aunque es de sobra conocida la actividad pública de esos tres personajes que recorren Oaxaca para promocionar el voto, vale la pena hacer un rápido recorrido por sus negras biografías políticas.

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Rosario Robles Berlanga, surgió, en sus días mozos, del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la mano de Armando Quintero, que ha dedicado gran parte de su vida adulta a buscar dinero y pidiendo a dios que no le dé sino que lo ponga donde hay.

Después, acomodaticia siempre, se pegó a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano que, la hizo presidenta del Partido de la Revolución Democrática y luego jefa de gobierno del Distrito Federal, donde se rodeó de ex universitarios.

Como dirigente del PRD fue que le presentaron al “empresario argentino” Carlos Ahumada, ante quien sucumbió a la pasión. Ahumada no sólo la engatuzó y la invitaba a desayunar a Acapulco, después de viajes en helicóptero desde la capital del país, sino que le hizo firmar pagarés que hoy todavía están en disputa entre él y el partido.

Cómo olvidar aquella fotografía de Rosario Robles formada en la misma fila que la esposa de Ahumada para la visita en el reclusorio.

La Hachepona también se ha dedicado a hacer dinero, no vaya a ser que lo acusen de empobrecimiento ilícito. Así que donde ha podido mete la mano a la caja del gasto público. De esa manera, por ejemplo, se hizo construir la casa inteligente en San Felipe del Agua, cobijado por Ulises y a quien trató de encubrir cuando la represión y los asesinatos cometidos durante 2006.

En la elección para gobernador de 2010 se aireó la forma en que financiaba el negocio familiar desde el que, disfrazado de periódico, él y sus congéneres se dedican a obtener dinero mediante la extorsión a los incautos.

Perdió una apuesta, lanzada desde la tribuna del Senado en la Comisión Permanente con el diputado Javier Corral Jurado, del PAN, y tenía que haber renunciado a continuar como diputado federal, pero actuó como siempre en su vida: cínico y cobarde, optó por mantener fuero y salario.

Y Lastiri, otra joyita de la política nacional.

Fue secretario del gabinete del inefable Mario Marín, el harto conocido gober precioso, que lo hizo diputado federal en la 61 Legislatura, desde donde una mano generosa lo recuperó para nombrarlo subsecretario de Desarrollo Social.

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Lastiri, fue secretario de desarrollo social con el gober precioso, y cuando ya se corría la especie de que sería nombrado subsecretario, un desplegado recordó cómo desde aquel cargo defraudó a beneficiarios de programas en el estado.

Según esa queja, Lastiri, operó un padrón de comités de desarrollo social y pidió a los ciudadanos copias de su credencial de elector, a cambio de la oferta de recibir materiales de construcción.

Continúa el desplegado: “Y como es conocido ese apoyo nunca llegó, jamás nos dieron el dichoso material, las promesas se habían hecho cuento, pero empezó una jornada de amenazas y señalamientos por la prensa e instituciones oficiales, sosteniendo que nosotros habíamos recibido ese apoyo y que nos habíamos quedado con él, tuvimos que demostrar nuestra inocencia a estas imputaciones; se utilizaron nuestros nombres e identificaciones para crear fraudes y desviar dinero, falsificaron nuestras firmas y, lo peor, de todos es que dañaron nuestra reputación y atentaron contra nuestra dignidad, esto no se debe quedar así”.

Son estos tres personajes, Rosario, Héctor Pablo y Juan Carlos los que siguen comprando conciencias.

También caminaron por el Istmo.

La Hachepona presumió que “supervisaron” el arranque de la remodelación del viejo aeropuerto militar de Ciudad Ixtepec para darle un uso comercial, cuando el presupuesto para esa obra fue aprobada, en diciembre, por la Cámara de Diputados federal.

Y se supone que ese tipo de programas no son para promoción electoral. Según La Hachepona la gira por Oaxaca es para “blindar” la elección contra uso de ese tipo de obras.

Así es su desfachatez.