La Tía justa: Tres tristes tigres


Jaime Rodríguez El Bronco

Adrián Trejo

¿Qué pesa más sobrinos y sobrinas? ¿Un kilo de plomo o un kilo de algodón?

La pregunta, como los camotes, tiene su razón de ser.

Un kilo es un kilo, un candidato es un candidato, pero su masa específica es diferente.

El ejemplo sirve para comentar con ustedes lo que está pasando con las candidaturas independientes a la Grande, en la que todos quieren sentarse.

Falta una semana para que concluya el periodo de gracia que concedió el Instituto Nacional Electoral (INE) a los candidatos presuntamente independientes a la Presidencia y hasta ahora, sólo tres parece que lograrán colarse a la boleta electoral.

Jaime Rodríguez, el Bronco, Armando Ríos Piter, el Jaguar-yu  y Margarita Zavala de Calderón.

Margarita Zavala

Los tres, con diferentes estrategias, han logrado reunir las 866 mil y pico de firmas que les impusieron nuestros legisladores para acceder a una candidatura sin partido –que es muy distinto a independiente-.

Los tres se han quejado no sólo de la aplicación para recolectar las firmas sino del número insólito que se les pidió como requisito.

La explicación facilona es que haber bajado el techo, es decir, el número de firmas habría provocado un alud de independientes que nomás iban a mosquear la elección.

La otra es que los partidos quisieron hacerle la vida imposible a los independientes para seguir con el mono-polio –me da miedo- de las candidaturas a puestos de elección popular.

Como sea, el hecho es que los tres consiguieron las firmas necesarias; Margarita apoyándose en la estructura de seguidores que se permitió armar desde el propio PAN antes de su renuncia.

Armando Ríos Piter

El Tronco –unos le dicen el Bronco pero eso sería tanto como decir que el Púas es sobrio-, utilizó la estructura de gobierno y dicen, sólo eso, dicen, que una buena bolsa de recursos para pagarle a sus auxiliares, ese pequeño ejército que le sirvió para la cosecha de credenciales.

La cosa es que, aún con las firmas, es improbable que alguno de los tres gana la Grande, así lo indican las encuestas recientes, que colocan a los candidatos de las tres alianzas –como en el Señor de los Anillos, pasen a verla-, por encima de los sin partido.

Proceso de recolección de firmas

En promedio, cada uno de los tres presuntos independientes tiene el 5% de la intención del voto; si fueran un partido político, con eso garantizarían su registro a nivel nacional, pero no lo son.

En cambio, si hubiera un sólo candidato independiente, la cosa cambiaría radicalmente.

En efecto, sobrinos y sobrinas conocedores de la política nacional, si dos de tres renunciaran a favor del más aventajado, lo pondrían en competencia con posibilidades de ganar a la nomenclatura partidista.

Imagínese que el candidato del PRI, José  Antonio Meade, al que las encuestas ubican en el tercer lugar de la competencia, anda en los 18 puntos porcentuales de preferencia, abajito de Ricardo Anaya y muy debajo de López Obrador, tuviera como competencia a un independiente que de entrada llegara a la elección con una intención del voto de 15 puntos porcentuales.

José Antonio Meade

Uffff. Se armaría la de Dios es Padre y, de acuerdo con el desarrollo de las campañas –que por el momento nadie puede prever-, existiría una posibilidad de relegar a cualquiera de los candidatos que estén ahora en el segundo y tercer lugar, a un lejano cuarto sitio.

El que tiene bien visualizado el tema es el Jaguar-yu, quien ya le propuso al Tronco y a la señora de Calderrón explorar la posibilidad de una declinación a favor del mejor posicionado.

Claro que ninguno quiere ahorita decir que sí, o aflojar el cuerpo del delito.

Pero está abierta la posibilidad de que, en la última semana de mayo, a un mes de la elección, de acuerdo con los resultados de las encuestas que para entonces se realicen, los dos independientes que vayan más abajo decidan entonces bajarse del caballo y llamar a votar a sus seguidores a favor del que esté mejor posicionado.

Eso sí sería pensar sensatamente y dejarse de cuentos y ambiciones personales.

¿Cómo la ven? ¿Se podrá?

Andrés Manuel López enojado

AMLO Y SUS ACTIVIDADES

Andrés Manuel López Obrador es un peligro para él mismo.

Ya lo habíamos comentado en entregas anteriores; es él su principal enemigo.

La semana pasada se le cayó la piel de oveja con la que intenta convencer al mundo entero que ya no es irascible, que es tolerante, que puro amor y paz.

Basto una columna –por cierto muy buena- del articulista Jesús Silva- Herzog Márquez que los señaló como “oportunista’’ para sacar al cascarrabias que lleva dentro.

El tabasqueño es como la versión 3.0, región 4, del doctor Jekyll y Mr. Hayde.

Ya saben como provocar al monstruo.