El Diluvio: Los pretextos de la libertad


Rafael Cardona

Hay cosas que se hacen en el nombre de la libertad de expresión.

Casi todo en México, últimamente, se hace en el nombre de alguna libertad. La libertad de expresión, la libertad en manifestación, la libre divulgación de las ideas, la libertad de tránsito, en fin, todo, todo lo fundamentamos en el ejercicio de una libertad.

Yo estoy de acuerdo en que los partidos políticos deben tener libertad de expresión, pero creo que los ciudadanos deberíamos tener libertad de audición.

Yo no entiendo ¿por qué se ha establecido este sistema tan perverso?, en el que la autoridad y la búsqueda democrática, de la equidad entre los partidos y las expresiones políticas nos tengan que endilgar buenos o malos, imaginativos o no, creativos o muy limitados, pero ¿por qué tenemos que oír 40 millones de spots de los partidos políticos?

No hay, a veces, en toda la suma de los electores en una elección, sobre todo en las intermedias, no hay 40 millones de votantes. Ya no digamos 40 millones de ciudadanos interesados en la política, que eso hay menos, quizás estamos interesados en el chismorreo político, y de eso, hemos tenido tantas pruebas y tantas muestras.

Por ejemplo, este asunto de la relojería del señor presidente del PRI, este asunto lleva casi un año en el terreno de lo público. Un periódico, que es especialista en publicar los relojes de la gente, ya sacó el reloj de todo México. La moralidad de un país se mide por el precio del reloj de sus políticos.

Alguna vez, cuando empezaba la guerra sucia contra Andrés Manuel, le publicaron que traía un reloj casi, casi de Corn Flakes y decían que había costado, creo que mil dólares, o 15 mil pesos, o 35 mil, o 40 mil, o 50 mil pesos, y que era un desatino que un hombre de izquierda tuviera un reloj. El señor «Peje», tuvo que salir explicar que se lo había regalado César Buenrostro. Entonces dijeron que eso contravenía la ley, porque la ley prohíbe aceptar regalos de más de 500 pesos.

Entonces, toda esta ñoñez moralina, que se confunde con ideología política, nos permitió oír que el señor César Camacho tiene unos relojotes marca «MacPato».

Después contestaron los del PRI diciendo, ¿usted qué opina de que el señor Padrés, gobernador de Sonora se haya construido una presa en terrenos privados de su familia con recursos públicos?  y luego dicen que el señor Duarte tiene un banco, y luego dicen que los del PAN piden «moches» para las obras públicas.

Entonces ¿en qué estamos cayendo una vez más?

Estamos cayendo, primero, en una orgía de descalificaciones. Todo mundo insulta al otro, le dice de una manera velada, sesgada, sugerida o inducida le dice que es un ladrón, todos se acusan de ladrones y todos gritan al ladrón, al ladrón como en aquella vieja historia.

Pero, por otra, parte les hacen creer a los ciudadanos, o les quieren hacer creer a los ciudadanos que todo esto es una competencia de técnicos contra rudos. Parece que estamos viendo una función de lucha libre en donde las heridas no son tan reales como las del difunto señor Aguayo, pero que tiene mucho de pantomima y arreglo político.

Entonces, ¿en qué ayuda este tipo de campañas? No ayudan a la persuasión, no ayudan a la convicción ni ayudan a la construcción de conciencia política. Entonces ¿para qué sirven? Entre otras cosas, sirven para alimentar a las agencias de publicidad de las cuales la mayoría de los políticos son socios y se contratan entre ellos.

Yo conozco varias y tú conoces algunas, entonces esta efusividad para la fabricación de materiales publicitarios, limita la divulgación política a uno de sus más simplones escenarios, que es el “spotismo”. Pasamos del despotismo ilustrado, o no ilustrado, al “spotismo” sin ilustración, sin beneficio. Los ciudadanos no ganamos nada con la propaganda de los partidos políticos. Es más perdemos porque todo se hace con tiempos que se cubren con recursos fiscales.

Entonces ¿por qué tenemos, primero tenemos que subsidiar a través del Instituto Electoral la existencia y funcionamiento de los partidos políticos qué, de acuerdo con el criterio de la mayoría de los mexicanos, no son sino pandillas de ambiciosos que buscan el poder a toda costa?

Pero además de todo, les tenemos que pagar sus campañas con tiempos oficiales, lo oficial es de todos, no nomás lo del Gobierno. Entonces la industria resulta también perjudicada porque no puede elaborar un comercio como el de cualquier otra mercancía o servicio.

Entonces ¿qué no sería tiempo, de veras, de revisar si estamos haciendo bien las cosas en materia de autorización y de legislación electoral? ¿De veras, este es el modelo más civilizado y, entre comillas, democrático, que podemos tener?

Este pleitecito de lavadero, esta cosa timorata de que un señor no puede decir «chingaderas» al aire, dice biiiip. ¿Qué es eso? Parecemos menores de edad, frente a otro señor que parece es nuestro papá que es el Instituto Electoral que dice, eso si pasa, eso no pasa.

O sea, ¿en dónde está la verdadera mayoría de edad electoral de los mexicanos?

No está en los spots, y tampoco está en la legislación, y tampoco está en el sistema de financiamiento de los partidos.

¿Qué, de veras, estamos haciendo bien las cosas? Cuando que los verdaderos problemas reales del sistema electoral están en que se pueden bloquear como si fuera la carretera de Acapulco, y los señores de la CETEG asociados con los padres dolientes de los de Iguala, ya dijeron aquí no va a haber elecciones, y ¿cómo vas a lograr que si las haya?

¿Los vas a convencer?

No los puedes convencer de que se quiten de la autopista. Les vas a decir por favor respete usted al señor soldado que está custodiando la casilla ¿cuál casilla? Si la tiene que poner en las escuelas y las escuelas están tomadas y las presidencias municipales también.

En vez de resolver esos problemas, estamos preocupados de que si Andrés Manuel ya se peleó con Mancera y Mancera dice yo no me meto ni con candidatos ni con partidos ni apoyo a nadie. Y el otro, si está apoyando, que renuncie.

¿Otra vez lo mismo? Otra vez, 30-40 años de evolución democrática para llegar a estos sainetitos, a estas minucias, a estas futesas, a estas bobadas, a estas pavadas y huevadas, ¿para eso? Sale demasiado costoso el proceso

El Instituto Nacional Electoral es, y lo dijimos aquí, es un bodrio, está mal hecho, el Instituto Federal Electoral tuvo un buen momento de planeación administrativa y política y eso se perdió, y perdón por usar una frase digna de la literatura romántica, pero se perdió en la noche de los tiempos.

Como dirían en un momento de arrebato emotivo, Arturo de Córdoba o Marga López, ¿qué se hizo mi ilusión? ¿Donde quedó el amor?

Bueno así estamos con la democracia electoral mexicana un oso cotidiano, un oso constante y el señor Córdova, el señor Lorenzo Córdova, el presidente del consejo les dice a los de Ayotzinapa, en una clase magisterial, en una carta, no hay espacio ni resquicio en la Constitución para evitar las elecciones.

Y estos cuates le pueden contestar tampoco hay resquicio constitucional para desaparecer a 43 gentes o matarlas, que es de lo que estamos protestando, tampoco hay resquicio institucional. No es la violencia la que fomenta la democracia, pues dígaselos a los que mataron a los de Iguala.

Entonces ¿cómo se puede  estar dando clases de Derecho Electoral frente a graves condicionamientos de orden político?

Esa es la única pregunta que el Instituto Electoral debería preocuparse por contestar, la mecánica de los spots y todo eso, deberían de preocuparse por suprimirla completita, se acabó, se acabó, como en Francia, c’est fini.