El Diluvio: Libertad de expresión y huesos célebres


Rafael Cardona

Cosas de la palabra. Una conductora de radio en el enésimo capítulo de su rebeldía patrocinada y un  equipo de investigadores quienes dedican los afanes de una vida a encontrar los huesos perdidos de Miguel de Cervantes. Exageraciones y ociosidades. Veamos.

Esto que llamó Carmen Aristegui, este «vendaval» autoritario, es el asunto que ha tenido la atención del público, de manera inevitable, de una manera creciente, sobre todo por el reciente mitin, este que hubo fuera de MVS.

Yo creo que lo que ha dicho la señora Aristegui, en relación con la actitud hacia el futuro, porque ya hablar de lo que ocurrió, resulta un poco ocioso, porque ya ocurrió, porque ya sabemos todos a que se debió y cómo se resolvió, o cómo desembocó por lo menos sino en una solución por lo menos en un término.

Ella está llevando el asunto, al lenguaje jurídico, y entonces ha anunciado que de la mano con sus abogados, no dijo quienes son sus abogados, parece que son personas de la familia de Buen, pero en fin sean ellos o sean otros, van a dar una batalla en contra de lo que ellos consideran un atropello en la libertad de expresión.

Yo creo que la batalla la deberían dar en contra del atropello a los derechos laborales, porque solamente ahí se pueden encontrar los rincones jurídicos para una defensa de algo que puede catalogarse o puede definirse como un despido injustificado, como una violación a los términos contractuales y eso se inscribe en asuntos del Derecho, no tanto que el asunto al atropello a la libertad de expresión ya se inscribe más en el terreno de la política.

Creo que el terreno de la política, la posición de Carmen es muy fuerte, no sé si en el terreno de lo jurídico sea tan fuerte como en el terreno de lo político y eso de decidirá en la barandilla, en el tribunal, en donde tenga que actuar en alguna junta de conciliación, no sé cuál vaya ser el camino exacto que van a seguir sus abogados pero si se va a meter en el terreno de los obrero-patronal, por llamarlo así en términos amplios, esto va a pasar mucho tiempo para que se resuelva, de un modo o de otro.

O se confirme o haya algún laudo que obligue a la empresa a reinstalar a la señora y en condiciones contractuales similares a las que tenía cuando fue despedida, eso lo sabremos después de un litigio.

Pero en cuento al atropello de libertad de expresión, yo creo que la libertad de expresión es algo tan grande, que no se puede atropellar, que no se puede extinguir por un caso como este.

Conozco dos casos, en los que he participados, en los que las personas que sufrieron «choques» contra el poder, no sólo resultaron fortalecidas a la larga, sino que se fortaleció a la sociedad por un más amplio ejercicio, del derecho a la libertad de expresión y el lenguaje a los periodistas.

Dos casos de dos personas a las cuales conocí, con quienes trabajé, la historia de José Pagés Llergo, cuando fue echado por la revista que hacía, donde estaba, en una fotografía muy grande, estaba el yerno de Miguel Alemán, viendo a una mujer desnuda delante de su esposa, en una fiesta en París y la historia de Julio Scherer, que también conoce toda la generación a la cual pertenece Carmen y las personas que le son a ciencia cercanas.

¿Qué ocurrió después de que Miguel Alemán se peleó con Pagés o Pagés se peleó con Miguel Alemán? No pasó nada. Nació la revista más importante de su tiempo en este país, así no más, los fundadores de “Siempre”, fueron los expulsados del “Hoy”, se juntaron.

Hicieron una nueva revista, salieron a la calle y dieron cátedra de buen periodismo durante más de 30 años, ¿quién ganó?. Ganó la sociedad, que tuvo un gran medio de comunicación y un gran medio de información.

¿Qué pasó cuando Echeverría atropello a Julio Scherer en Excélsior?, pues simplemente nació la revista “Proceso”, pero también nació el periódico “Unomásuno”, pero también nació “La Jornada”, y también surgió una  nueva forma de hacer periodismo en este país, sin la cual todo lo que se ha hecho en los medios electrónico, no habría sido posible.

Si les importa la libertad de expresión como un valor superior por encima de las rencillas laborales, bueno estos periodista no van a perder la batalla por la libertad de expresión, nadie los podrá dejar mudos y menos en los tiempos que corren, cuando se puede hacer radio muy fácilmente, cuando hay nuevas formas de organización, cuando se puede comprar una estación de radio, que no cuesta tanto dinero, cuando se pueden usar las plataformas como

Mexicoleaks, por ejemplo, cuando se puede usar el vastísimo repertorio de las redes sociales, cuando se pueden hacer sitios de internet , cuando se pueden hacer páginas de internet, cada quien puede hacer la suya.

La libertad de expresión, ahí está, no solamente existe la libertad de expresión cuando uno hace un programa de radio, la libertad de expresión es más amplia que la coyuntura laboral de quien sea, te llames Pepe Gutiérrez Vivó o te llames Nino Canún o te llames como te llames.

La libertad nos trasciende a todos y es superior a todos nosotros y por fortuna ninguno de nosotros es dueño de la libertad.

Y yo terminaría con una línea de mi entrañable poeta Efraín Huerta: Nunca digas que tienes la verdad en un puño, y que a tus pies serena, florece la virtud.

APTOPIX Spain Cervantes' Bones

LOS HUESOS DE  CERVANTES

Ahora el cuento de los inciertos huesos de Cervantes, que se inscribe todo esto en lo que yo llamo en «La Osteolatría Política», la adoración de los huesos, que por extensión, puede ser la adoración de los cadáveres.

¿Qué tenemos nosotros que ver con personas que murieron hace tantos años?

¿Qué importancia tiene, si la lengua española ya nos dice para qué sirven los huesos?

Solamente quien no haya leído a otro de los grandes escritores, a Don Francisco de Quevedo, podrá ignorar que el destino de los huesos es el amor.

Por eso, en aquello que dice Quevedo, «polvo serán más polvo enamorado», ahí está todo.  Lo que importa es lo que gente hizo en la vida y no si puedes encontrarlos como si fueron el tiradero de Cocula, o la búsqueda de los 43 de Ayotzinapa, no le encuentro el sentido, no le encuentro el sentido a esta creencia desde mi punto de vista absurda, del olvido de los muertos.

Yo estoy seguro que los muertos no nos van a olvidar, aunque nosotros pudiéramos olvidarnos de ellos.

Entonces, ¿qué sentido tiene que estén buscando algo que no se va a encontrar?

En México tenemos una especial devoción por este tipo de cosas macabras.

Hemos hablado de la pierna de Santa Ana como un elemento histórico, recordamos todos el brazo de Obregón, el corazón de Carranza y la cabeza de Pancho Villa.

¿En qué nos ha ayudado a la noción de la mexicanidad, saber en dónde están estas aparentes reliquias de la historia con toda su carga de fetichismo nacional?

Yo no entiendo, yo sé que ahora lo forense está de moda y que todos hasta los niños de cinco años hablan del ADN y de la ingeniería genética, que seguramente sirve para hacer programas de televisión; pero no entiendo cómo puede aportársele más al valor cultural de un escritor como Cervantes, que hizo obras maravillosas.

Por ejemplo, solamente con sus novelas ejemplares, solamente con la loca circunstancia del señor licenciado Vidriera, que era todo de vidrio -según él- y se iba a romper, porque el vidrio es frágil; bueno, solamente con esas cosas, con La Galatea, con algunos de sus poemas, ya tendría un lugar importante.

Pero su lugar importante no depende ni de sus lesiones en Lepanto, ni de sus costillas quebradas en una batalla, que él dijo que fue la más alta ocasión que vieron los cielos -claro, pues él estaba ahí, ¿no?- además le costó la prisión, le costó Los Baños de Argel, le costó todas las tragedias y los horrores de la vida y le costó no lograr ni siquiera el reconocimiento para ser presidente municipal de Tapachula, porque el sueño de su vida fue venir a México a gobernar el Soconusco, cosa que el rey le negó.

Por fortuna el rey no le negó el amanecer para imprimir «El Quijote» en sus dos ediciones, en sus dos partes.

Pero yo le dejo a estos sabios de ocasión, a estos perseguidores del ADN de la historia, a estos hombres que buscan en el polvo de los huesos lo que no encuentran en las páginas de la literatura; yo les pregunto:  ¿para qué queremos un hueso de Cervantes si todos quienes lo hemos leído, llevamos en el corazón un pedazo de su alma?

¿Para qué?

CARDONA JOSE PAGES LLERGO