El Diluvio: Iguala y la eternidad


Rafael Cardona

 Desde principios de la semana, se había venido comentando sobre este deliberado desfasamiento en los mecanismos de la lógica entre una manera de pensar y otra, las cuales  jamás van a lograr engranarse para movilizar una única corriente de opinión.

Me refiero por una parte a la Procuraduría General de la República y por la otra a las personas que han tomado, digamos, la vocería de los padres de estos jóvenes asesinados allá en el estado de Guerrero.

El Gobierno de la República en cuatro meses ha hecho todo lo que está al alcance de sus manos, y con el auxilio de organismos internacionales y de personas que han contado con la aquiescencia y con la promoción de los propios interesados en que esto se elucide.

Me refiero a los grupos forenses de argentinos especializados durante la Guerra Sucia del Cono Sur y los científicos propuestos por el Gobierno mexicano de la Universidad de Innsbruck, en Austria.

Hasta ahora los argentinos no han podido confirmar nada, los austriacos ya confirmaron parcialmente, muy parcialmente la versión que el Gobierno sostiene y defiende y que se parece tanto a la primera explicación que dio el padre Solalinde ante la desaparición:

–La desaparición condujo al asesinato, el secuestro en su modalidad de desaparición forzada, condujo al asesinato de estas personas y para borrar los rastros de esos delitos, de esas violaciones graves a los derechos humanos, porque hubo autoridades mezcladas en este asunto, simplemente le dejaron su trabajo al fuego.

Dicen algunos, «el fuego lo purifica todo», sí, pero también lo destruye todo y lo único que el fuego no destruye es la verdad, y la verdad que pudo encontrar la Procuraduría es esta, es la verdad de la Procuraduría y es la verdad que no aceptan los padres y que reclaman y proclaman sus representantes.

Hasta ahí podría uno entender plano el argumento de los dos, pero hay demasiados elementos que perturban todavía más la comprensión de las cosas, por ejemplo Vidulfo Rosales, su abogado,  acaba de decir que ellos exigen pruebas de genética.  Si están exigiendo pruebas de genética están reconociendo la existencia de restos humanos, no se puede por una parte pedir eficiencia en la investigación forense y por la otra salir a la calle a decir «Vivos los queremos».

Espérenme tantito, si están vivos no se pueden hacer pruebas de genética en restos humanos carbonizados o no carbonizados.  Ahí hay un pequeño error de lógica.

Hay otro error en el planteamiento de la queja, «queremos que siga adelante la investigación».

Bueno, el procurador dijo que faltan muchas cosas por investigar, que lo que se puede confirmar son los hechos pero que falta todo el entorno completo de los hechos y que se va a buscar a las personas que están huidas, se va a buscar al jefe de la policía, se va a buscar a los directamente responsables físicamente de la abducción, como dicen de las personas estas, de los jóvenes, de los estudiantes, pero dicen «queremos que siga la investigación»

–¿Quién quieren que haga esa investigación, la misma autoridad a la cual ya descalificaron de origen, de entrada?

Es un poco extraño decir «no le creemos a la Procuraduría, pero queremos que siga investigando», pues si no le crees hoy no le vas a creer mañana a menos de que mañana diga lo que tú quieres oír, y si no lo puede decir porque no es así, ¿qué va a pasar?

La pregunta real aquí es ¿qué o quién debe hacer creíble para estas personas una investigación de esta complejidad, quién la tiene que hacer?

Pidieron forenses extranjeros, bueno, ya los tienen, ahora van a pedir también ¿qué? peritos, investigadores, ministerios públicos extranjeros, finalmente los que hay son los que trabajan en la Procuraduría y esos son los que han estado durante cuatro meses reuniendo personas y logrando concesiones.

CARDONA... PERCEPCION DE FAMILIARES...

Sale un señor gringo que trabaja para el Departamento de Estado, que se apellida Vivanco y dice «es que las confesiones fueron arrancadas mediante la tortura o el apremio». 

Hay pruebas  de que esas confesiones no se obtuvieron mediante métodos brutales,  son confesiones legítimas en su forma.

Eso desacredita esta suposición de quien no estuvo en las confesiones y acusa que es la costumbre y el uso de la justicia mexicana obtener testimonios a base de torturas, lo cual no es ajeno a la realidad común, pero en este caso difícilmente.

No lo sabemos, yo no lo sé, yo nunca he visto una persona torturada, yo nunca la he visto, pero nunca he visto una persona que no diga que lo torturaron.  El primer apremio, «es usted siéntese y cállese y hable cuando yo le diga», ese es un primer apremio, está detenido, estás esposado, ¿qué querían?, claro que hay apremio, pero bueno una cosa es el apremio legal y otra cosa es la tortura ilegal.

Seguramente Vivanco no se queja tanto así por lo que pasa en Guantánamo, eso le ha  de preocupar menos a Human Rights Watch, pero en fin es problema de Vivanco.

Pero lo que yo digo es otra cosa, dice por ejemplo Vidulfo, solamente tenemos los testimonios de cuatro personas acusadas por delincuencia organizada, bueno, pues es que la delincuencia organizada fue la ejecutora de los crímenes que ahora confiesa. ¿Entonces para confesar un delito tendría una persona que no haber delinquido y entonces sí ser admitido por Vidulfo Rosales y por las personas que representan jurídicamente y políticamente a los padres de estos muchachos muertos?

Entonces qué va a pasar, pues va a pasar esto, el gobierno va a seguir haciendo lo que puede hacer y lo que debe hacer, la Comisión de los Derechos Humanos, cuyo titular ya puso una vez un ejemplo de esto, cuando él terminó la investigación del caso Colosio dijo, «aquí está todo lo que se puede lograr mediante los mecanismos que tenemos hoy en este país, hasta aquí llegamos y esta es la investigación terminada», pero no concluida.

Si dentro de algún tiempo alguien sabe algo más esto se reabre y se reinicia, han pasado ya muchos años y no se ha reabierto el caso Colosio porque nadie ha encontrado mayores evidencias, pues en este caso el propio Ombusman, Raúl González, dice, «no se puede terminar esta investigación hasta que no estén todos los involucrados detenidos, interrogados y se termine el caso».

Y dice Murillo «nos faltan muchas cosas por hacer, pero con las que ya hemos hecho está es, lo que él llama, la verdad histórica.

¿Cuándo se podrá empatar la verdad histórica con la verdad histérica?, no sé, yo creo que nunca porque este asunto va a seguir como aquella película que le dio un Oscar a Frank Sinatra como actor, que se llamó «De aquí a la eternidad».

CARDONA ...   la petici+¦n constante