El Diluvio: Gobiernos, méritos y demás


Rafael Cardona

 ¿Los gobiernos tienen el pueblo que se merecen y el pueblo tiene los gobierno que se merece o cómo se juega el juego?

Todo esto tiene que ver con lo ocurrido  en la ceremonia de la industria del cine de Estados Unidos, a la cual los mexicanos vemos con una reverencia casi mágica. Para los mexicanos de muchos años para acá, el Oscar se había convertido en una obsesión.

Yo recuerdo que cuando un exdelegado, por cierto de Iztapalapa, Ricardo García Villalobos, trabajaba con Rodolfo Echeverría en el Banco Cinematográfico, se planteaba como uno de los grandes propósitos de Rodolfo, (cómo se pensaba en México en ese tiempo), lograr como evidencia del desarrollo de esa industria nacional, que el cine mexicano, manejado por su hermano, le entregará al presidente Luis Echeverría, un Oscar.

Esa era la finalidad, ganarse un Oscar.

En algún momento Jerónimo Arango, el dueño de la tiendas de Aurrerá, patrocinó un documental premiado con un Oscar y entonces eso ya fue la gran hazaña.

Pero bueno, ahora algunos inteligentes cineastas mexicanos, algunos técnicos, algunos artistas como Lubesky, como lo hemos visto con González Iñárritu, con Cuarón y otros destacado asì no hayan sido premiados aún,  han ido a trabajar a los Estados Unidos (con o sin reforma migratoria), han hecho un buen trabajo y han ganado muchos, muchos premios y muchos reconocimientos.

Y, últimamente, a los mexicanos también nos da por utilizar el escenario del espectáculo como tribuna del posicionamiento político y –como no—la propaganda políticamente correcta.

Parte de la corrección política es recibir un premio por vender cien mil discos y levantes la mano para decir,  «Todos somos 43».

Es parte del aprovechamiento, yo no diría compensatorio, pero sí diría que es el aprovechamiento complementario de lo que la fama del espectáculo permite.

Te permite trascender por encima de la intrascendencia farandulera y nadie podría aceptar que Hollywood sea intrascendente y farandulero, es la cuna de la industria cinematográfica, es la fábrica de los sueños del mundo, es el escenario de la imaginación, de la fantasía.

Dicen que ¿qué hay detrás de las colinas de Hollywood? ahí está “Somewhere Over the Rainbow” y está, ya sabemos Dorothy y esta Superman y esta King Kong y está John Wayne, está la parte supra dominante de la cultura americana: el cine.

Y queremos que el cine de los Estados Unidos nos tome en cuenta aunque sea de la manera como ya sabemos ahora.

Entonces, si hace uno meses el señor Cuarón se convirtió en el fiscal de la reforma energética, ahora algunos esperaban que González Iñárritu hiciera un pronunciamiento político profundo. No hizo un señalamiento profundo, simplemente dijo que él quisiera ver algún día construir, construir el gobierno que nos merecemos.

Aquí yo diría, contradiciendo un poco al señor G. Inárritu, que desde tiempos del siglo XVIII se viene diciendo, como explicó  José de Maistre, que los pueblos tienen los gobierno que se merecen, aunque André Malraux, el hombre de la Quinta República francesa, con De Gaulle, haya  dicho:

«Si los pueblos no tiene los gobiernos que se merecen, a veces tienen los gobernantes que se les parecen».

Yo creo que fue muy inteligente de González Inárritu, quedó bien con los políticamente correctos, se refirió a una necesidad de cambio, de construcción colectiva de la cosa pública y de paso habló de su otro país, porque no podemos ignorar la binacionalidad de quiénes han hecho en Estados Unidos su carrera cinematográfica, así hayan nacido en México y hayan empezado aquí su trabajo profesional.

El dijo:

«Bueno y que los que tengan que venir, ojalá que no vengan, pero si tienen que venir, que aquí se les trate con la misma dignidad con la que se trató a quiénes llegaron antes y construyeron este maravilloso país de inmigrantes».

Claro, no sé si con eso estaba respondiendo la pregunta de Sean Penn, ¿y a este cabrón  quién le dio la tarjeta verde?

Y tampoco sé si estaba previniendo de  lo que vaya a pasar en el próximo Oscar del año siguiente, cuando dice él mismo que ya es un poco sospechoso que los mexicanos estén llévense y llévense los premios.

Lo cual a mí me parece bien por todas partes. Me parece muy bien que González Inárritu hable de que mereceríamos otros gobiernos, otra forma, otra eficacia en el gobierno y me parece también muy correcto que señale allá las maniobras que está haciendo el Partido Republicano para frenar los actos del Poder Ejecutivo de allá, del señor Obama, que hace a un lado las órdenes de deportación porque tiene otro proyecto, derivado de la imposibilidad de sacar la reforma migratoria completa.

Creo que si se tuviera que dar un Oscar al discurso más citado y que menos duración haya tenido en la historia de las relaciones México-Estados Unidos, ya le darían el Oscar a la oratoria de  González Inárritu porque en menos de dos minutos logró colocar dos temas de importancia en la discusión política binacional, la eficacia o el mérito que tiene el Gobierno mexicano actual y la necesidad de que el gobierno de los Estados Unidos, en su conjunto, modifique su actitud en relación con los emigrantes, que para ellos son inmigrantes.

No es un juego de palabras, es simplemente que habríamos que decir ¿cuáles son los gobiernos que nos merecemos o cuál es, según González Inárritu el gobierno que México se merece, cuál?

CARDONA J M Lubesky

 GUERRERO

Tras los hechos de la semana en  Acapulco y Chilpancingo, esa hoguera sin extinción posible, estamos frente a una circunstancia muy compleja frente a la cual  se exhibe la imposibilidad de una solución política. Eso está muy, muy lejos de presentarse.

Ha habido una gran capacidad de administración de la protesta y por administración de la protesta, yo quiero encontrar los dos elementos centrales; una, es el origen de los grupos que hoy protestan por ese origen y por el complemento.

O sea, primero fue por la reforma educativa, y después fue por la vinculación entre la reforma educativa, las normales rurales y el secuestro-desaparición de los 43 de Iguala, que con su derivación para lo de Cocula y todo esto, generó una, digamos, cobertura de la protesta, con una amplitud que va a dar desde México por lo menos hasta El Vaticano, por no hablar de otras estaciones en donde la protesta se fomenta, se comprende, se estimula y dicen algunos, hasta se financia.

Por otra parte, vemos que el estado no tiene recursos para controlar el costo de la protesta. Lo que pasó en Acapulco es una de las muchas pruebas. Aquí, se juega algo que se retroalimenta y por endogamia, se reproduce con una gran facilidad.

Si hay una protesta y hay un incidente de violencia originado por aquéllos que protestan, automáticamente se saca del cajón una frase, dice: «fueron los infiltrados».

Y los infiltrados son hijos del gobierno que, como un topo, nos está metiendo por debajo gente para desprestigiarnos. 

La sociedad en general, digamos, los que no tienen nada qué ver directamente con estos problemas, piden orden para poder establecer una actividad comercial, mercantil, educativa, social, en términos generales. Hasta para ir al Abierto de Tenis la gente quiere calma en Acapulco.

Acapulco está en la ruina, está quebrado, está abandonado, muchas personas que tienen departamentos o propiedades en Acapulco, hace mucho que no van y no saben si cuando lleguen, los van a encontrar ocupados por la CETEG, no lo saben todavía.

Del paraíso al caos.

CARDONA MIEMBROS DE LA CNTE EN