El Diluvio: Desaparecidos y desconfianza


Cual personajes del Mago de Oz, llega un tornado y desaparecen personas.

Nadie, absolutamente nadie, cree las versiones oficiales de casos en Guerrero.

 Rafael Cardona

Pues ocho meses  se han ido como agua entre los dedos.

De pronto voltea uno y parece que estábamos hace muy poco tiempo diciendo lo ocurrido apenas, con aquel bloqueo en la carretera, que detuvieron a esos jóvenes que salían de Ayotzinapa e iban para Iguala en unos camiones secuestrados.

En fin, todo ese asunto ya conocido y del cual tanto se ha hablado.

Pero, lo sigue habiendo  algo muy difícil de entender, en la dinámica de las cosas, en cómo evolucionan las cosas en México, y es que de pronto, ocho meses después, en otra comunidad también del estado de Guerrero, con otros protagonistas y con otras circunstancias, ocurre esencialmente lo mismo.

Un pueblo es ocupado por fuerzas no regulares, que se dicen, no se sabe si lo son, pero se dicen guardianes y custodios de la vida social, y llegan ahí, en un caso, a hacer justicia por mano propia, y en otro a simular que están haciendo justicia por mano propia, lo cual es indebido en ambos casos.

Y nadie se da cuenta de que una población completa es ocupada por fuerzas irregulares. 

Ahí dejan de existir el orden, la institucionalidad del municipio, de la vida electoral, de la vida democrática y simplemente alguien llega y dice: a todos esos que están ahí me los traen para acá, se los llevan y desaparecen 14 personas. 
 Quizás desaparecieron más.

Pero, de lo que se tiene más o menos un registro hasta ahora, y eso es parte del pasmo que estas cosas nos provocan a todos, porque cómo puede haber indefinición hasta numérica en el número de personas que desaparecen, como si hubieran sido personajes de Baum, el escritor del Mago de Oz, y que de pronto llega un tornado y desaparecen Totó y Dorothy, se los lleva el viento y aparecen buscando al Mago.

Bueno, aquí desaparece la gente y no sabemos ni siquiera quien fue el desaparecido. Después vienen las investigaciones, después entran las autoridades, después se averigua que fue lo que pasó y cuando se averigua que fue lo que pasó, la verdad oficial tampoco resuelve la incredulidad de quienes dicen no, esto no es así.

CARDONA   TLATLAYA... laotra historia

Y llevan ocho meses en el caso de Iguala diciendo no, esto no es así. Lo que el Gobierno tiene como verdad oficial y que en algún momento dijo que era una verdad histórica, es una historia en la que no queremos creer y no vamos a creer nunca. Al menos no quienes hacen de la incredulidad una bandera política.

Hasta que aparezcan los desaparecidos.

Hoy hay 14 casos más; han aparecido, aparentemente, tres cuerpos que podrían ser de algunos de ellos. Vamos a volver a escuchar después esto mismo: estos tampoco son, estos vienen de otras fosas, son de otros crímenes.

Y cada vez que haya desaparecidos, vamos a aumentar este binomio macabro entre desaparecidos, fosas que no corresponden a quienes estamos buscando, pero de cuya identidad tampoco nos preocupamos por investigar, más allá de decir: es que no sabemos estos otros quienes son, pero son muchos.

Dicen que en el año anterior, en la zona esta de Chilapa han desaparecido 100 personas, dicen.

Y que certeza tenemos de que lo que dicen sea cierto. La misma certeza que tenemos de que no sea cierto. ¿Quién certifica la verdad en este país? ¿La verdad existe por sí misma o la verdad necesita la confirmación de quién?

Por lo visto en el caso de Iguala, la confirmación de la Procuraduría General de la República no sirvió, o le sirvió solamente a algunos. 

El caso es que hoy, ni está el procurador que investigó esa verdad histórica, ni esa verdad histórica se ha convertido en la verdad aceptada.

No vamos a parafrasear aquí títulos de teatro, de «la verdad sospechosa», que hasta Juan Ruiz de Alarcón también era de Guerrero, pero no, no tiene sentido que no entendamos desde el principio que estamos viviendo en el atropello de cualquier estructura lógica de las cosas.

Queremos que el Gobierno nos diga qué fue lo que paso, pero cuando nos dice lo que pasó, no le creemos lo que nos dice, y entonces, la serpiente se muerde la cola. Si empezamos a exigirle al Gobierno una responsabilidad, cuyo cumplimiento nos lleva a la negación, a decir no, bueno entonces quién nos va a decir lo que pasó.

¿Nos lo van a decir los expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?, mentira, esos no nos van a decir nada, van a venir aquí a decir que ellos tampoco creen en las investigaciones que se les presentan, que se haga otra, que se amplíen las investigaciones.

Y yo pregunto si para eso hay que ser experto.

¿Vamos a creer en unos argentinos que saben identificar huesos y que hablan con los cadáveres?

Tampoco, porque tampoco han hecho nada.

CARDONA, CHILAPA... DESPUES DEL ANI+æO...

¿A quién le vamos a creer? ¿Dónde está la verdad en este país? ¿Dónde está la credibilidad? ¿Dónde está la credulidad? ¿Dónde está el escepticismo?

Ahí caben también  los argumentos para explicar porque lo ocurrido en Tanhuato, el operativo en Tanhuato, Michoacán, ha generado tal clase de incertidumbre y tal clase de dudas, de sospechas.

Ha generado incertidumbre porque quienes no tienen certeza de los dichos del Gobierno, son afines, o iguales, o militan en la misma causa que los que niegan todo lo demás, lo de los de Iguala y cualquier cosa

En Tlatlaya la investigación  de los propios militares, tiene a gente en la cárcel.  Se supone que ya hay culpables, se supone. En el caso de Iguala hay más de 100 detenidos, pero tampoco se les cree. Y en el caso de Chilapa vamos a ver como evoluciona y vamos a ver lo de ahora, de la frontera de Jalisco y de Michoacán.

Pero, el problema de los mexicanos es que no sabemos dónde está la verdad, excepto cuando lo verdad es lo que nosotros decimos, entonces está en mí, yo soy la verdad y la vida.

Yo, los demás no.