El Diluvio: Derechos humanos y lucha libre


Ley General de Aguas ¿cuál el fondo del asunto?

 Rafael Cardona

 No serán esos dos temas enunciados en el título de esta colaboración materia de vinculación directa ni busca nadie colocar entre las obligaciones del Ombudsman la vigilancia en los graves riesgos del Pancracio, pero son asuntos de la semana a los cuales se les debe dar por lo menos atención.

Pero hay asuntos cercanos y otros por venir y de ellos tratan las siguientes líneas.

La Ley General de Aguas es un tema que ya estaba planteado en la Cámara de Diputados y por el alud de opiniones que fue generando mientras se estaba discutiendo el dictamen, se determinó suspender su proceso.

Suspenderla en parte por el asunto electoral, porque es una materia tan llamativa y es una ley que a todos, a todos absolutamente nos atañe y de alguna manera nos toca, que tenía un notable rango de aprovechamiento propagandístico y electoral, sobre todo por parte de quienes se oponen a ella argumentando que la pretensión oficial es privatizar el servicio de distribución de agua y alegando en contra de ese argumento el hecho de que el agua es un derecho humano.

La discusión proviene de algo que a mí me parece absolutamente tramposo. ¿En dónde empieza según yo la trampa?

La trampa empieza en las Naciones Unida una especie de Babel de cristal, de las orillas del East River de Nueva York.  Determinaron -no sé por qué de esa manera- que la cuota humana de dotación de agua tiene que ser de cien litros diarios por persona en el mundo.

Pero no es lo mismo el mundo de las regiones subsaharianas o de las zonas desérticas del planeta, que las zonas lacustres de Canadá, en donde cien litros de agua por persona es lo que hay en cualquier tinaco de cualquier casa de Ontario.

Pero cien litros de agua por persona donde no hay agua…

Entonces ellos dijeron «no, es que el agua es un derecho humano». Y los derechos humanos son universales, son imprescriptibles, son perdurables y son permanentes y son progresivos. Entonces si usted es humano, ahí tiene usted sus cien litros.

La ley que se está discutiendo, que se interrumpió en la discusión, dice como una cantidad sobre la cual partir, 50 litros de agua.

Ahí empieza la gran discusión. Pero la otra discusión que es todavía más tramposa de lo que la ley prevé es cómo regular el transvase de agua de un lugar donde hay a un lugar donde no hay. Entonces dicen «eso es privatizar el recurso», porque ¿quién se lo va a llevar de un lado para otro?

Bueno, pues la ley dice que se darán concesiones, que se darán formas de transporte y de distribución.

Y ahí es en donde se empezaron a trabar todas las negociaciones. Cualquiera con recuerdos de lecciones de historia sabe que  los romanos hacían acueductos para llevar agua de donde había a donde no había. En España hay todavía vestigios de acueductos romanos.

En Chapultepec se hizo un acueducto hasta el centro de la ciudad que terminaba en esa fuente que después se llamó «El salto del agua».

Estamos llevando agua de un lado para otro. Y si no hubiera transvases de agua en este país, no existirían ni las presas ni tampoco existiría la Ciudad de México, porque el agua de la Ciudad de México proviene de dos fuentes de aprovisionamiento fundamentales, el Sistema Lerma, el Sistema Cutzamala y los pozos profundos que tiene la ciudad; y cada vez son menos y cada vez más generan el hundimiento del resto de la ciudad.

Entonces en el informe del ombudsman Luis Raúl González Pérez, ante el Presidente Enrique Peña, no se llegó a fondo en esta discusión porque esta discusión no ha concluido y tampoco era la materia de un informe de labores.

¿Qué es lo notable de lo que dijo el ombudsman en esa oportunidad?

Bueno, fundamentalmente para mí, tutelar, vigilar que los derechos de las víctimas no sigan siendo una letra muerta y que a las víctimas se les restituya en la manera en que eso sea posible, porque si no hay restitución y si no hay castigo, si prevalece la tolerancia, pues entonces al no haber punición, castigo, pues entonces las cosas se repiten y se repiten.

Y también definir cuál es la diferencia entre la desaparición forzosa y qué es el crimen de un grupo que genera lo que todos conocemos que ocurrió en Iguala.

No hay ningún punto de vista, ninguna intención de la Comisión de participar en la idea que esto ya es un caso cerrado, esto es un asunto abierto sobre el cual hay que llegar hasta el final en una investigación que satisfaga y que demuestre qué fue exactamente lo que pasó con respeto a todas las víctimas.

¿Para qué? Para que no vuelva a pasar, eso es lo único que pretenden las recomendaciones que hace la Comisión, que las cosas que ocurrieron se digan y que no vuelvan a ocurrir cobijadas por el manto o de la impunidad o del disimulo o del olvido, eso es todo lo que se quiere.

 

DE LUCHA LIBRE

Tuvimos días completos reflexionando sobre todo lo que ocurrió en la lucha libre con motivo de la muerte del Perro Aguayo, hijo.

Eso  nos lleva a pensar muchas cosas sobre la lucha libre como la parte menos protegida del deporte profesional en México.

Para darnos una idea de la dificultad que tiene este espectáculo deportivo, tendríamos que recordar cuál es la precaución que tiene una comisión de box y lucha, con los boxeadores, a los cuales no se les permite seguir peleando, después de que han tenido una pelea muy fuerte o han sufrido un nocaut, o les han «sangoloteado» la masa encefálica de una manera abrumadora y peligrosa.

Ellos tienen que descansar varios meses, y tienen que estarse sometiendo a muchos análisis bastante rigurosos para saber si no hay daños neurológicos, lo cual es buscarle tres pies al gato. Todos sabemos, que todos lo boxeadores, tienen daños neurológicos, de un grado o de otro.

Unos pueden terminar «imbéciles» o más «imbéciles» de lo que ya estaban; otros pueden terminar como Muhammad Ali, quien después de haber sido el más grande, el más caro, el más rico, el más famoso, el más poderoso y potente de todos los deportistas de Estados Unidos, en toda su historia; atleta olímpico, medalla de oro en Roma, sí, pero aún así, con todos esos cuidados que las comisiones públicas tienen con la salud de estos hombres, los luchadores se estrellan tres y cuatro veces por semana, en las tarimas y en las lonas duras de las arenas, arenas improvisadas.

No hay para ellos las mismas atenciones, cuidados, ni muchísimo menos las bolsas gigantescas que ganan los boxeadores, ya no digamos las de los futbolistas, o los jugadores de básquetbol en Estados Unidos o los jugadores de futbol americano en ciertas posiciones de los equipos grandes de la NFL.

 

DRAMÁTICA RUTINA

Los luchadores son las parte pobre del espectáculo y, por esa razón, terminan una lucha se van a un hotel, cualquiera de por ahí, de la zona de la colonia de los Doctores, medio duermen, medio comen en fondas, tal o cual, y de ahí al día siguiente se van en una camioneta o en un autobús comercial y se van a otro pueblo, se van a Zacatecas, se van a Guadalajara, se van Morelia, se van a donde sea y luchan el miércoles y después el viernes y luego el sábado y luego tienen una función en la noche del domingo, y son semanas y semanas de ajetreo, de viajes, de dormir mal, de comer poco.

Algunos se ayudan con anabólicos, otros se ayudan con otras cosas y van ahí a veces por bolsas muy pequeñas, de cinco mil, de ocho mil pesos y por ahí van corriendo la legua, como si fueran eternos aspirantes a una gloria, que a veces les llega a algunos, pero por desgracias no todos son «El Santo», no todos los luchadores son «Blue Demon», no todos son el «Perro Aguayo».

Y aquí me quiero detener un poco de tiempo, no mucho, para recordar una historia personal con el «Perro», con el papá de este joven que murió.

Hace unos años, él estaba ya por retirarse y yo lo llevé de su hotel, un hotel frente a Garibaldi, y lo llevé de ahí a la arena donde se iba a despedir de esa afición pequeña en tamaño por la arena, pero enorme en seguidores, que era en un lienzo que se llamaba «La Rancherita», habilitado como arena de boxeo y de lucha libre y de ahí se iba a despedir de la afición de Neza.

Entonces lo llevé yo mi automóvil, yo tenía un coche con un quemacocos, y por ahí se iba asomando el «Perro», saludando a la gente y en el trayecto y durante mucho rato, estuvimos platicando y el «Perro Aguayo» me dijo algo, que a la luz de lo que acaba de ocurrir me entristeció, no sé si doble o triplemente.

Me contó que el había sufrido una lesión en la columna, que lo tenía muy mal, que le habían fracturado, por lo menos fisurados dos vértebras cervicales y que ya no podía luchar igual, que tenía mucho miedo de que algo peor le pudiera pasar.

Pero que el miedo que tenía no era por su fractura de la columna, sino porque su hijo ya estaba metido en esto de la lucha libre y me dijo:

«Mire periodista, a mí lo que me da miedo realmente en la vida no es lo que me pueda pasar a mí, porque yo vengo de tan abajo que lo que me pase ya no importa. Me importa lo que le pueda pasar a mi hijo, que ya se metió en esto, y ojalá y Dios quiera que no me los lastimen».

No se lo lastimaron, nomás se lo mataron.

cardona  tema del agua.....