Ambición


Ari Salgueiro

Siempre ha generado y seguirá generando polémica el hecho de que un número importante de los diputados federales normalmente no terminan su encargo.

¿Por qué? Muy simple, porque cada tres años, en los procesos electorales son requeridos o ellos mismos se afanan en buscar otros cargos públicos.

Para muchos, como el coordinador perredista Miguel Alonso Raya, esta práctica es un “abuso” y para el panista Juan Pablo Adame los “chapulines” (como se denomina popularmente a quienes dejan sus cargos en San Lázaro para buscar otras posiciones), dañan la imagen del Congreso y desprestigian a la clase política.

El priista Héctor Garza se sumó a las plañideras y aseguró que hay un “limbo” en la legislación que es aprovechado indebidamente por los legisladores por lo que se pronunció por revisar y solventar esa “carencia” legal.

Sin embargo, señalaron que con la reelección legislativa que se aplicarán a los legisladores electos en 2018, no existen ya pretextos para que se continúe el fenómeno de los “chapulines”.

El único que parece diferir un poco es el priista Héctor Gutiérrez de la Garza, quien reconoce la legítima aspiración de cualquier servidor público de poder acceder a otros cargos, sobre todo porque en la actualidad no existe la posibilidad de reelección.

Sin embargo, más allá de los lloriqueos lo que es un hecho es que el fenómeno de los “chapulines” no se va a terminar por una sencillísima razón: estos personajes políticos son necesarios.

Dicen los legisladores que después de 2018 “ya no habrá argumentos para que un legislador abandone su cargo cuando tiene la posibilidad de ser reelecto”.

Craso error, lo que olvidan estos “genios” de la política es que uno de los secretos de la misma es el reacomodo.

Es decir que las fuerzas políticas, sus dirigentes y estrategas, siempre buscarán acomodar a sus alfiles en posiciones estratégicas, de acuerdo con el momento y la situación que se viva.

¿Qué significa esto? Que si un partido político necesita que un diputado federal se convierta en su candidato a gobernador en “x” estado de la República, no habrá reelección ni nada que evite que se convierta en un “chapulín”.

 salgueiro   silvano aureles

AMBICIÓN, LA CLAVE

La política es movimiento, ¿Que hace los partidos cada tres años? Colocar a sus mejores cartas en el Congreso para ganar posiciones en el máximo foro nacional.

Eso no implica que sus diputados tengan que estar ahí ya no tres, sino seis años sin posibilidades de moverse.

El político es sobre todo ambicioso, si no lo es, no sòlo pierde su esencia vital, sino que amenaza con convertirse en una verdadera mediocridad.

Dicen los diputados que, si se da la reelección, esta se convierte en una gran oportunidad y que además será una real rendición de cuentas porque independientemente de que la posibilidad de ser reelecto está en las manos del partido que te postula y siempre el partido que te postula nunca va a dejar a un lado a un cuadro que te garantiza un triunfo y aquel cuadro que garantiza triunfos es el que trabaja cercano a la gente y se pone a hacer su labor.

Evidentemente los diputados están viendo sus intereses legislativos, ellos buscan favorecer el trabajo en el Congreso, pero más allá de la creación, elaboración y redacción de iniciativas de ley está el quehacer político de otra índole que tiene que ver con gobernar y que es el que hace más guiños a los políticos de cepa.

Así que más allá de otros temores como es el de la dualidad de funciones, es decir que un diputado federal este combinando esta labor con la de aspirante a un cargo de elección popular, sin haber pedido licencia, la verdad es que no hay nada catastrófico ni maléfico en no completar un ciclo de tres años en San Lázaro.

E insisto, ese “problema” seguirá mientras los políticos sigan sus instintos y los partidos políticos mantengan su lucha por el poder, pues en esa contienda está el elemento fundamental que es precisamente esa ambición por destacar e ir por más.

salgueiro   Miguel Alonso Raya